Yoga83
Yoga83

Algo de mi propia historia

 

Mi búsqueda de paz interior estuvo desde el inicio rodeada de misterios, que poco a poco se fueron clarificando. Como casi siempre sucede, visto desde el presente, es mucho más sencillo interpretar el pasado y armar el rompecabezas conociendo y comprendiendo muchas claves que fueron apareciendo con el correr del tiempo.

Desde muy niño tenía preguntas que eran difíciles de contestarme a mí mismo, y más difícil aún era conseguir respuestas que me dejaran conforme o que me parecieran ciertas. Todo el mundo, estaba ocupado “en otras cosas más urgentes” que mis dudas. Además, comprendo que no eran fáciles de plantear ni de responder.

Mi confusión por esos tiempos me mantenía en un estado interior absolutamente incómodo, y esa incomodidad es una gran aliada para buscar hasta encontrar. Esas dudas interiores fueron las semillas que me arrimaron al conocimiento y a la sabiduría de quienes ya la poseían y me atraían en forma magnéticamente irresistible.

¿Qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto? o de la vida, y en síntesis ¿...para qué vivimos? Luego descubrí que esas eran y son las intrigas y los temas de meditación de sabios maestros autorrealizados y lósofos de todas las épocas, que naturalmente también surgen en la mente de muchas personas como aquel extraño muchachito.

Como si todo esto fuera poco para mí, también causaba curiosidad y sonrisas en los demás cuando les decía que “practicaba yoga”, algo muy infrecuente para el nal de la década de los sesenta y principios de los setenta en Buenos Aires, Argentina. Por aquel entonces, mi maestro a rmaba que “en unos años más iban a existir clases de yoga en cada esquina”, y no se equivocó. Así fue. Hoy, en la segunda década del siglo xxi, aquí, en los Estados Unidos, y en todo el mundo sucede exactamente eso. La difusión y la popularidad del hatha yoga son generalizadas. Además, su práctica es muy recomendada y respetada. Llegará el día en que también la gente se reunirá para estudiar y discutir la correcta comprensión de las ideas contenidas en la inmensamente profunda losofía yoga.

Recién en el inicio de mi adolescencia pude atraer hacia mi vida, y más precisamente hacia mi vida interior, algo de calma y orden. Conocí a unos monjes (swamis) recién llegados a la Argentina desde India, y de ellos recibí la primera instrucción en yoga y dos niveles de iniciaciones con sus respectivos mantras para la práctica de la meditación. Al preguntarle a uno de ellos por qué me surgía este profundo interés y esta motivación, me respondió algo que en aquel momento me dejó en shock. Dijo: “¡Porque ya has practicado yoga en otras vidas...!”.

Por primera vez empezaba a encontrar algo que me atraía inexplicablemente y que al mismo tiempo me dejaba un particular estado interior de paz, junto con la intuición de que algo más vendría con el tiempo.

Por aquellos días, meditaba junto con los monjes y formaba parte del grupo de los discípulos. Seguía sus clases y practicaba meditación todos los nes de semana, y en forma diaria, también meditaba solo. Fue una etapa de un poco más de dos años, llena de mística y deslumbramiento. La fascinación es una parte de la búsqueda de los novicios y una consecuencia del impacto que recibimos cuando lo nuevo contrasta tanto con lo conocido. Ese tiempo inicial fue un primer acercamiento a las autodisciplinas para la educación de mí mismo, que para aquella época resultaban muy, pero muy poco conocidas y mucho menos aceptadas o populares. En otras palabras, a todos a mí alrededor les daba la impresión de ser una persona tranquila e inofensiva, pero absolutamente rara o, mejor dicho, extrañamente diferente. Es decir, un ejemplar del género humano poco común y difícil de encasillar entre los arquetipos de aquel entonces. Algunos tomaban a broma eso de “meditar” y otros simplemente no lo podían entender. Mi familia veía que “peor no estaba” y me dejaba seguir así, sin hacerme sentir incómodo. Reconozco que eso de llegar a las doce de la noche, luego de estudiar y trabajar todo el día, a los 15 o 18 años, y ponerme a meditar antes de cenar, ¡era poco común!

Al preguntarle insistentemente a uno de los maestros por algún libro sobre los temas del yoga, la respuesta fue casi un cumplido. Ahora sí puedo comprender perfectamente lo que sucedió. Ellos, como monjes, pre eren meditar devotamente, más que usar las vías de introspección intelectual. En ellos predomina el control de las emociones por medio de la devoción y las prácticas del camino monástico sobre las del camino de la mente. “¿Quieres leer?, lee el Bhagavad Gita”, me dijo para tratar de conformarme. Mi pregunta no estaba desconectada de mis intenciones. Quería escuchar sus respuestas y comparar escuelas, caminos de yoga y métodos de trabajo interior, ya que por la misma época, aproximadamente en el inicio de 1971 y mientras mantenía mis autodisciplinas, hacía unos meses que en mi búsqueda había conocido a quien luego sería mi maestro por las próximas tres décadas. Esta nueva etapa de aprendizaje junto a él no se detuvo nunca, hasta que viajé con mi familia para radicarnos en Florida, Estados Unidos, hasta el presente. Poco tiempo después de nuestra llegada, él también partió de nitivamente.

Mi querido maestro D. N. P. fue sin duda un gigantesco difusor en una época temprana para el yoga en la Argentina. Tuve el privilegio de estar en su Escuela Moderna de Yoga desde la fundación y llegar a conocer su sistema de enseñanza y transmisión de la ideas en forma directa. Su método fue perfectamente diseñado para que la cultura integral del yoga sea estudiada, practicada y transmitida sin distorsión de los conocimientos y de acuerdo a los principios originales de las escuelas de India. Además, bien planteada para una sociedad occidental, con hábitos y costumbres distintos a los de nuestros hermanos orientales. Todo ese caudal se mantiene vivo en mí, y es una gran ayuda contar con una didáctica tan e ciente para una sociedad que tanto necesita del yoga para tomar distancia del estrés y realizarse interiormente.

El Dr. D. N. P. fue un inspirador que abrió las puertas del conocimiento interior y me dio el impulso a la práctica del autoconocimiento, al mismo tiempo que la motivación para transmitir lo aprendido. Ya por 1973 comencé a dar mis primeras clases de yoga físico, y casi al mismo tiempo a dictar talleres y seminarios para el mismo grupo que participaba de los movimientos. Las ideas comenzaban a uir a modo de charlas y conferencias, que eran seguidas con un gran entusiasmo por los participantes. El método y la didáctica grupal, es decir, formar grupos que se reúnen para meditar e intercambiar la comprensión de las ideas del yoga, tal como lo proponía mi maestro, eran una novedad para esa época en la Argentina y prácticamente en toda América, pero al mismo tiempo una continuidad de lo que ya se estaba haciendo en Europa y en los Estados Unidos desde nales del siglo xix.

En 1977 rendí el tercer grado (instructor de Yoga) en su EMY o Escuela Moderna de Yoga, y seguí impartiendo clases además de continuar con “un estilo de vida armonizador entre la acción, los pensamientos y los sentimientos”. Esto es yoga y una de las buenas de niciones como escuela losó ca y su cultura interior.

El año 1979 fue muy especial por mi unión con Silvia, mi esposa. Pronto convertida también en una nueva instructora y luego profesora, se sumó integralmente y de inmediato a mi vida, al trabajo interior, a las clases y a la difusión del Yoga, con un agregado muy interesante: su especialidad y su certi cación en yoga para niños y adolescentes. Cuenta con innumerables historias de pequeños que le dicen “me encanta el Yoga” y siguen con asombroso interés sus clases y las prácticas de posturas, meditación y relajación en escuelas preescolares y primarias en los Estados Unidos.

El futuro seguramente nos dejará ver a muchísimas maestras y profesores de todos los niveles educativos, entrenando y enseñando autoconocimiento, relajación y meditación. Esta educación interior para el desarrollo de la conciencia da grandes resultados en los educadores y educandos que no solo necesitan información y conocimientos, sino formación integral para el diario vivir con ejemplos que promuevan y eleven las buenas conductas humanas.

En 1987, y tras rendir el examen de quinto grado (profesor de Cultura Yoga), continuaron las clases, las meditaciones para todos los alumnos de la escuela, las conferencias, los cursos, los seminarios y las prácticas interiores propios de los grados más avanzados. Esto no debe sorprender ni confundir. Como todas las escuelas y disciplinas orientales, toda la enseñanza está ordenada en la rendición de grados de estudio y comprensión, así como también de prácticas y desarrollos.

Continuamos cumpliendo con las clases hasta el presente con un rol fundamental: la transmisión de la enseñanza a quien esté dispuesto a trabajar exterior e interiormente, para mejorarse a sí mismo y ayudar a la sociedad.

También en el mismo año surgió un nuevo desafío propuesto por mi maestro, a saber: la fundación de la Escuela de Cultura Yoga. El Dr. D. N. P. me dio la directiva de iniciar y dirigir una escuela propia, para continuar expandiendo los conocimientos y formar nuevos alumnos. Y así fue poco tiempo después. La Escuela de Cultura Yoga comenzó sus clases externas y también la formación de nuevos instructores y profesores. Nuevos alumnos recibieron instrucción en yoga por años, hasta que se programó nuestra partida a los Estados Unidos en 1998. Mientras tanto, los profesores formados en la escuela continuaron con las clases hasta el presente.

Me faltó mencionar que anteriormente, en 1996, viajamos desde Buenos Aires hasta Queens, Nueva York, para seguir haciendo los programas de radio iniciados mucho tiempo antes a distancia, y ahora en vivo, junto al reconocido Coach en salud y Acupunturista certi cado César Armoza, en su programa El noticiero natural de la salud, que se emitía por 105.9 WADO, y también con la exitosa Esther Armoza, psicóloga social, terapeuta y máster en PNL. Con ellos y con Silvia Pavlotsky, mi esposa, organizamos y dimos una serie de workshops diarios. Participaron cientos de personas ávidas por el conocimiento y las claves del bienestar. Ese fue nuestro centro de trabajo en Nueva York, y las conclusiones de esos ejercicios de difusión y práctica no podrían haber sido más reveladoras. La respuesta y el interés de los asistentes fueron idénticos a los resultados de nuestras clases durante décadas en la Argentina. El ser humano siempre tuvo y tiene necesidad de un balance interior, tanto como de la motivación a escuchar y comentar sus propias vivencias.

Las personas asistentes a nuestros ejercicios interiores no solo encuentran paz y bienestar, sino que, más allá del lugar y del tiempo, vemos cómo la búsqueda de salud y balance espiritual es una constante en los hombres y las mujeres de todos los tiempos.

Estamos ante una cultura plena de conocimientos y sabiduría tan milenarios como profundamente maravillosos, que continuamente se pueden revitalizar y experimentar en el mundo sutil y cotidiano de cada uno de nosotros.

Por mi parte, tengo la certeza de estar viviendo como un ser de la nueva humanidad, comprendiendo que este camino es para alguien que busca conectarse con la fuente superior desde cada rincón de sí mismo; y al mismo tiempo de vivir de instante en instante, colaborando por la armonía de las personas de la sociedad de nuestro tiempo.

Residimos en Florida, Estados Unidos, desde 1998, y nuestras vidas transcurren entre clases de meditación y consultas individuales, workshops y publicaciones para diferentes medios y a través de www.yoga83.com

Seguir practicando Yoga y Meditación, como acciones para crecer internamente, evolucionar y difundir estos conocimientos llenos de vitalidad y signi cados, es mi meta compartida con Silvia y con quienes nos leen y escuchan.

Ahora que has llegado hasta aquí, intuyo que ya formas parte de los seres de la nueva humanidad y que podrás seguir adelante practicando el Yoga en tus acciones, junto con todos nosotros.

Mi mano está abierta y extendida. ¿Me acompañas?